La masculinidad desde mi perspectiva

                                                                                                       Bladimir Luis Palacios

·         País

México es un país que tradicionalmente ha sido machista, antes de la conformación de México como Estado-nación, las sociedades prehispánicas tenían ciertas normas que se les imponían a los hombres y mujeres. Por ejemplo, en la sociedad mexica, el hombre tenía que ser la persona más útil de la sociedad, es decir, el guerrero, el sacerdote, el tlatoani, el que siembra y provee el alimento, el que trabaja. Básicamente el hombre tiene que ser resistente, audaz, tal vez esto se pueda relacionar un poco con la perspectiva biológica (selección natural y la sobrevivencia del más apto). Algunos cronistas decían que entre los mexicas exista demasiada sodomía, pero otros investigadores han demostrado que la homosexualidad era duramente castigada en esta sociedad.

A raíz de la conquista española en 1521, se heredaron ciertas pautas culturales que se pueden considerar demasiado rígidas por parte de la sociedad ibérica, los reyes de Castilla y Aragón “reyes católicos” eran prácticamente los embajadores de la religión católica, esta sociedad en su conjunto, la sociedad española, fue demasiado religiosa, tal vez, de igual manera con los mexicas. Pero la religión que se trajo de afuera, era impositiva, arbitraria, violenta y psicológicamente podía manipular las consciencias de las demás personas, si no te portabas bien, corrías el riesgo de irte al infierno y podías olvidarte de entrar al paraíso, en el plano sexual, era sumamente rígida, existan todo tipo de prohibiciones, prácticamente se era esclavo espiritual, porque la sexualidad se puede considerar parte del espíritu, si se habla en términos místicos, espirituales o religiosos. De la cosmovisión mesoamericana, sólo quedan algunos remanentes en la consciencia colectiva del mexicano, predominando más la cosmovisión católica, pero en la sociedad indígena, se puede ver reflejado el sincretismo religioso de estas dos cosmovisiones.

A pesar de los avances que se están dando en cuestión de género y las preferencias sexuales, todavía nuestro país es profundamente machista. Después de la conquista española, La Nueva España y posteriormente México, adopto una nueva concepción del hombre, de cómo debía comportarse en sociedad, en la época virreinal, el hombre tenía ciertas formas culturales de ser hombre, pero después de la independencia el hombre tenía que ser valiente, verse varonil, el bigote y la barba era una forma de mostrar tu masculinidad, tenía que tener ropa de hombre, según los dictaban las cánones de la moda desde la independencia hasta nuestros días. Ahora desde afuera se nos impone la forma que tiene que vestirse un hombre y una mujer. Anteriormente y aun en nuestros días se ha concebido al hombre mexicano como el proveedor, el cuida a la familia, la mujer prácticamente tenía que estar en la casa, el hombre, tenía la obligación de no “rajarse”, de enfrentar muchos peligros por mantener  a resguardo a su familia, el hombre es un ser que tiene que ser valiente, no le tiene que tener miedo a nada, tenía que defender tanto a la familia como también a su patria, esas guerras tan sangrientas en las que nos vimos involucrados no permitían que el hombre fuera “amanerado” o “frágil” ni sentimental, mucho menos en la revolución mexicana y después de ella, casos típicos de hombres mexicanos los podemos ver en Francisco Villa o Emiliano Zapata, ellos son el símbolo perfecto del hombre mexicano, principalmente el hombre mexicano de clase baja, el hombre pobre, tiene que ser el más feroz, el más valiente. Después de la revolución se proyectó al mundo una imagen de que es ser hombre en México, principalmente en películas y canciones. El hombre debía ser el que enamoraba a todas las mujeres, el que a él se rendían a sus pies todas ellas, el las poseía, les cantaba canciones, las enamoraba con mariachi. Todo esto es una lista con la palabra debía y no la palabra querer.

·         Ciudad

He vivido estos 23 años de mi vida en el Pedregal de Santo Domingo, aquí, en la Ciudad de México, en el contexto donde yo me fui desarrollando como individuo en sociedad, se me planteaba que todos los hombre de mi colonia se tenían que ver masculinos, nada de amaneramientos o verse delicado porque no se te consideraba hombre. Muchos de los amigos de mi padre y gente que conocía eran mecánicos u tenían que ver con manejo de coches, maquinaria pesada, albañiles, en fin. El hombre no lloraba, si llorabas te decían que parecías vieja, en Santo Domingo el hombre es de barrio y tiene un comportamiento pesado, es valiente y no tiene miedo de pelar, eso para demostrar el nivel de hombría, siempre escuchaba entre mis amigos o entre la gente de la calle “vamos a rompernos la madre, o que, tienes miedo pinche vieja”. Yo en el tiempo de mi niñez no me percataba del ambiente de extrema violencia en el que me encontraba, tanto física como psicológicamente.

·         Familia

Ante todo este ambiente de machismo, desde nivel país, mi entorno social fuera de casa y mi entorno social inmediato, el de mi familia, fui descubriendo como se tenía que ser hombre, para evitarme las burlas, las humillaciones y los regaños por parte de los demás, esto lo descubrí en mi adolescencia, pero desde pequeño, construir mi genero empezó desde los comportamientos y regaños o insultos de mi familia, una familia influenciada por el entorno cultural y las construcciones de género que fueron designadas tanto para hombre como para mujeres. Yo crecí con la familia de mi padre, cuenta él y su mamá que su padre era una persona muy violenta, era el típico macho mexicano que se sentía muy valiente, mi abuelo era demasiado grosero, golpeaba a mi abuela, no la dejaba salir porque pensaba que ella lo engañaba con otro. Por su parte, él tenía otra mujer con hijos viviendo en un terreno en Cuernavaca, al final de todo esto, mi abuelo murió envenenado por su otra mujer y ella se quedó con todo el dinero y la casa de mi abuelo. Mi padre, mi abuela y mis tíos no concibieron otra forma de ver la vida, otra manera de ser hombre, mi padre fue el que siguió reproduciendo los patrones de su padre, mis tíos en menor medida, con el paso del tiempo le fueron inculcando a sus hijos que es ser hombre: El proveedor, el valiente, aunque ya no golpeador, pero si el que se le perdona tener varias mujeres. Mi padre fue golpeador,  nunca se esperó que mi madre se cansará del él y le pusiera un límite, fue un ataque a su hombría.

En mi casa se me inculco que ser hombre es ser valiente, ser fuerte, tener muchas mujeres, el macho que habla groserías, porque así son los hombres, se me inculco que debía ser el que se encargaba de las tareas más duras, las que requerían mayor desgaste físico, porque esas eran tarea para hombres, no se me permitía llorar por ser poco varonil, tenían una extraña fijación con el ser hombre. Mi tío que era gay y el también quería formar parte de mi educación, formándome como hombre, él siempre me decía: “compórtate como hombre cabrón” y yo no podía entender lo que me quería decir, no sabía que era eso de ser hombre.

 

·         Yo

Con el paso del tiempo, me di cuenta de lo que supuestamente debía ser hombre: Tener relaciones sexuales con mujeres, si tenías muchas eras un galán, un hombre audaz, el que podía con todas, no debía verme “amanerado”. Soy una persona muy sensible, todo lo contrario a los hombres de mi familia, tal vez veían cosas en mí que yo no tomaba en cuenta y por eso me decían que me comportará como hombre. Mi padre me ponía a ayudarle a arreglar máquinas de tortillería, le ayudaba a arreglar su carro, me levantaba a las cuatro de la mañana junto con mi mama para ir a trabajar en el negocio, eran cosas que me agradaban, pero que a la larga me provocaron problemas de salud. Mi padre fue ambivalente conmigo, era algo muy raro, por una parte sabía que yo no era como los otros hombres de su familia, ni como él, me sobreprotegía mucho, pero me ponía a trabajar, aun no lo entiendo.

Tengo una tía y no me llevo bien con ella, siempre que se enoja conmigo me dice maldito puto, soy puto porque no encajo en todo lo que ella conoció como hombre, para mí, ser hombre es más de lo que se supone que en mi cultura es hombre, un hombre también puede cocinar, puede lavar trastes, le gusta leer, escuchar música, encerrarse en su cuarto a reflexionar un rato, un hombre le puede gustar tanto un hombre como una mujer y no por eso pierde su dignidad como persona. Si bien, yo nací con un sexo, yo puedo determinar en como construyo mi propio género, abandonando los roles tradicionales que se me impusieron, Mi tío le gustaban los hombres, pero él se aferraba a seguir los patrones establecidos, y peor aún, los exageraba, al grado que se convertía en una persona violenta. El entorno en mi casa siempre ha sido violento, mi padre por su parte ya no es como antes, sabe que no le puede levantar la mano a mi madre y que no me puede hacer nada por ser como quiero ser. Hay cosas que si están cambiando en nuestra sociedad, no se puede negar los avances que se han hecho, aunque ha costado mucho trabajo y detrás de todo esto estuvieron muchos defensores y luchadores sociales. Me pueden gustar los hombres o las mujeres, no por eso pierdo mi dignidad como ser humano, pero sin lastimar la dignidad del otro y sus derechos. Como hombre se me ha enseñado a no llorar, algo que yo no logro conseguir, es parte de mí, antes la intente cambiar, pero ahora no. En resumen, siempre choche con la forma de ser de mi familia y aun lo hago, mi familia materna también tiene algunas de estas ideas de ser hombre, pero en menor medida y sin tanta violencia y eso que son de provincia, si bien, mis tíos maternos no golpean a sus mujeres, si son insistentes en que tenga muchas mujeres, me cuestionan por qué soy serio, si salgo a fiestas o no, me presionan para que me consiga una mujer, mis primos por su parte me molestan porque no hago lo mismo que ellos, ir al monte aunque me queme el sol, entre otras cosas, ellos piensan que si no trabajo soy menos hombre, ellos tienen esta concepción por su situación económica que los ha obligado a trabajar para poder sobrevivir. Lo que se me impone desde mi sociedad y desde mi familia es: Tener una esposa, tener hijos, casarme, trabajar y hacer cosas que hacen los hombres, a veces no responder a las exigencias de todos ellos, me pone mal, más con lo de la sexualidad. En mi adolescencia de secundaria me preguntaba porque no era como los otros hombres, ahora sé que no sigo lo “normal”, lo que hacen comúnmente las personas de mí mismo sexo biológico, por eso soy extraño, por no seguir lo que se me impone. Lo que se espera de mi es tener sexo con una mujer, ya no casarme o tener hijos, sino que se confirme mi hombría acostándome con una mujer y así ser absuelto de lo demás, de mi forma de ser, aunque mi mamá piense que los putos también se acuestan con mujeres, pero si soy más hombre, es mejor, pero ¿Qué es ser hombre?, una pregunta que no es contestada con tan sólo las explicaciones de roles tradicionales, si no que sería interesante saber de manera tal vez, hasta filosófica. Pero de acuerdo con mi tía, si no soy hombre de forma en que ella lo piensa, soy puto. Mi madre no se puede comparar con los demás miembros de mi familia, ella no le molesta que sea más sensible, se siente orgullosa de mí, pero sé que puede tener un conflicto moderado en saber si soy bisexual o gay, ella respeta mis tiempos y esporádicamente me pregunta si ya tengo novia.

Desde mi nacimiento se me doto de un género, de una manera de ser hombre según mi sexo, y entorno a este sexo, se me dotaba de toda una carga simbólica y cultural, de un constructo social que mi familia aprendió desde su padre, pero a la vez su padre era reflejo de su familia, la familia es una reflejo de su entorno social inmediato y ese entorno social inmediato a su vez forma parte de una cultura determinada, en este caso, la de ser hombre en México, pero también ser hombre en otros países, no es tan diferente de las concepciones que se tienen en México, aclaro, con sus respectivos matices culturales.

Mi sexo biológico y me genero son dos cosas distintas, yo nací biológicamente hombre, pero eso no me impide realizar diferentes actividades sin dejar de ser hombre, por llorar mi pene no va a pasar por una especie de metamorfosis, si cocino o lavo trastes tampoco, pero tampoco voy a ser más hombre si me gusta la natación, la bicicleta, ir a correr, en fin, todas las actividades que hago me conforman como un ser subjetivo, me conforman como persona. Soy individuo biológico, con un género que se me impone desde la sociedad, tal vez, no encajo en el género tradicional de hombre o tal vez, puedo estar construyendo mi propio género, pero yo como persona, puedo tomar elementos de mi cultura que me permitan construirlo, puedo hacer un género que no se me imponga, si no que yo puedo decidir cómo construir, para sentirme satisfecho con mi propia vida, al fin de cuentas es mía y no de nadie más, mi familia y aun mi propia sociedad se atribuye poder sobre mi género, se me coacciona con estereotipos u ofensas para ajustarme a lo cotidiano y a los establecido, sino me amoldo, soy puto.

Referencias

·         Lamas, M. (2000). Diferencias de sexo, género y diferencia sexual. Cuicuilco, 7 (18), 0.

·         de Cortázar, B. C. (s/f). LO MASCULINO Y LO FEMENINO, 15.

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